Cuando creías que ya no dolía el exilio y ves la película Simón y tal.

Photo from https://www.simonmovie.com/

Revisando la cartelera del New York Latino Film Festival descubrí que exhibirían una película de un director venezolano. Vi el trailer de ‘Simón’ y me gustó, así que compré tickets inmediatamente. Decisión acertada porque se agotaron en pocos días.

El día de la proyección en un cine cercano a Union Square coincidió con el anuncio oficial de la ampliación del TPS (Estatus de Protección Temporal, en español) para los venezolanos que llegaron a los Estados Unidos hasta el 31 de julio de 2023. Y el New York Times en su edición de hoy incluye un reportaje titulado ‘Hundreds of thousands of Venezuelans have arrived at the U.S. border in the past two years. Many are searching for safety and stability.’ Le recomiendo a quien quiera tener una idea de por qué, que vea la película escrita y dirigida por Diego Vicentini.

‘Simón’ narra la historia de un activista estudiantil en Venezuela que huye a los Estados Unidos y se debate entre pedir asilo o volver. El hilo conductor de la narración es el síndrome de stress post-traumático del protagonista que al ser detonado por hechos fortuitos como el olor a cítrico o el encuentro con alguien del pasado, le hacen revivir lo sucedido en Venezuela.

Vicentini usa los símbolos para conectarnos con el imaginario venezolano. Nombra al líder de los estudiantes Simón en clara alegoría a Simón Bolívar. La primera escena de la película es la celebración de un cumpleaños, se escucha ‘Ay que Noche tan Preciosa’ —¿Hay algo más venezolano que esta canción de cumpleaños? —, el rojo como el color de los afectos al régimen. Las referencias culturales de la película son las de la generación de venezolanos en sus veinte —Vicentini tiene 29—, sus modismos, su música, su lenguaje corporal, sus dolores y preocupaciones.

La dirección de arte es impecable; la película fue rodada en Estados Unidos, sin embargo, las escenas en Venezuela recrean a cabalidad un destartalado salón de clases de una universidad pública, las protestas estudiantiles y los calabozos de la policía política.

Aunque no es un documental ‘Simón’ da testimonio de la migración forzada de más de 7 millones de venezolanos —cifra que aumenta día a día convirtiéndonos en el éxodo más grande del hemisferio occidental—, la indefensión de los ciudadanos en Venezuela que los expone a torturas, asesinato y cárcel —a la fecha hay casi 300 presos políticos—, el difícil acceso a medicamentos y servicios de salud, y la necesidad de perdonar y perdonarnos.

Empecé a llorar desde la primera escena que detonó mi propio trauma, porque, aunque ocho años después me siento neoyorquina, nunca olvido que no salí de Venezuela por gusto y cada vez que estoy frente al Hudson veo el Lago de Maracaibo.

Al final de la proyección el padre del director visiblemente conmovido relató que su hijo salió de Venezuela a los 15 años, yo recordé que mi hija salió del país a los 13 y se pone nerviosa cuando hay elecciones.

En una suerte de enigma de la esfinge, el chavismo es el régimen que le robó la vejez a nuestros padres, la adultez a los que nacimos en los 70’s y 80’s, y el futuro a nuestros hijos y las generaciones siguientes.

6 comentarios en “Cuando creías que ya no dolía el exilio y ves la película Simón y tal.”

  1. Acertada tu reflexión sobre la película. Es más, es tan fuerte el estres y el trauma, que muchos saben sin haberse ido, qué cosas nunca podrán olvidar. Y aunque el director relata el tema del joven y las protestas… el significado de tortura significa otras tantos temas. Saludos Lau.

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