Dos Gardenias para Atlantic Theater Company

Photo: Archive Atlantic Theater

¡Qué maravillosa sensación es asistir a un espectáculo sin ninguna expectativa y salir conmovida hasta las lágrimas! Así fue mi experiencia con «Buena Vista Social Club», la última producción de Atlantic Theater Company.

Desde el momento en que entré al Linda Gross Theater, me vi transportada a La Habana. La escenografía de Arnulfo Maldonado recrea a cabalidad las fachadas de la ciudad que fue una de las más prósperas y modernas de Latinoamérica en los siglos XIX y XX. Recordé cuando recorrí sus calles en busca de la ‘Bodeguita del Medio’ y el ‘Floridita’ sintiendo una mezcla de asombro y tristeza al contemplar su arquitectura que habla de glorias pasadas, los autos de los años 50 y los cubanos que me pedían que les dejara el champú y la pasta de dientes que había llevado.

Centro de La Habana

Viajar a La Habana es sumergirse en un lugar donde una revolución detuvo el progreso más no la creatividad, el sabor y ansias de libertad de un pueblo. La producción de Atlantic Theater abre una ventana a la cubanidad a través de uno de sus rasgos esenciales: la música.

La obra, basada en el libro de Marco Ramírez, narra el nacimiento del fenómeno Buena Vista Social Club que, en los años 90, rescató del olvido a un grupo de músicos septuagenarios y mostró al mundo que Cuba era mucho más que una isla secuestrada por los Castro.

La música se convierte en el hilo conductor de la obra; la acertada selección de temas y la virtuosa ejecución de la banda dirigida por Marco Paguia y David Oquendo nos introducen en el mundo emocional de los personajes, incitando a la audiencia a un carrusel de emociones que van desde la ternura hasta la euforia. Podría decirse que la música es el personaje protagónico, presentándose como una vía de redención personal —Omara Portuondo atraviesa su dolor y sana sus heridas a través de la música— y social —como menciona el joven Ibrahim: «En los momentos difíciles hacen falta canciones bonitas».

La dirección de Saheem Ali, nominado al Tony por “Fat Ham”, es magistral. Ali logra una perfecta integración entre actores, músicos y bailarines, comunicándose efectivamente con la audiencia a veces a través de la palabra, otras por la música y otras por el movimiento, este último guiado por la coreografía de Patricia Delgado y Justin Peck, quienes previamente colaboraron en la coreografía de «West Side Story» de Spielberg entre otros proyectos. Las transiciones entre espacios y tiempos son fluidas y naturales, casi como disolvencias cinematográficas, transportándonos sin esfuerzo de la Cuba prerrevolucionaria a la Cuba de los 90 y a los diferentes escenarios de la trama.

En el elenco, compuesto por intérpretes de diversas nacionalidades, destacan especialmente Natalie Venetia Belcon en el papel de Omara y Julio Monge como Compay Segundo, así como Jared Machado, Leonardo Reyna y Olly Sholotan, quienes personifican a los jóvenes Compay Segundo, Ruben e Ibrahim respectivamente.

Aunque la obra no se centra en la política, es imposible hablar de Cuba sin tocar aspectos políticos. Presenciamos la llegada de la revolución y con ella, el desmantelamiento de todo lo conocido, así como el exilio que dio origen —en palabras de Compay— a «dos tipos de cubanos: los que se quedan y los que se van».

«Buena Vista Social Club» logró que saliera del teatro eufórica, con ganas de bailar y tomar mojitos hasta el amanecer. Sin duda, uno de los mejores espectáculos del 2023. Espero con ansias que para su cierre en enero de 2024 organicen una fiesta post-show, donde la audiencia y los miembros de la producción celebren al ritmo de salsa, son y guaguancó.

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